¿QUÉ ES MAS IMPORTANTE, LA MITAD DEL VASO LLENO O LA MITAD QUE SE ENCUENTRA VACÍA?
Caminaba por las zonas aledañas del cantón Pujillí; en mis manos tenía los dos últimos paquetes de ropa para entregar; a los lejos observe un pequeño cuerpo acostado en el césped con dificultades para moverse, intrigada me acerque de manera apresurada y al llegar, mire un cuadro desgarrador, se trataba de una anciana aproximadamente de 90 años, delgada y prácticamente desnuda, que estaba cubierta con un saco muy pequeño que cubrían sus brazos hasta la mitad de su vientre y nada más.
Ante mi presencia, la mujer reaccionó asustada encogió su cuerpo y abrazó sus piernas; sutilmente me acerque a ella y le dije: “mamita no estoy aquí para dañarte, solo quiero darte un regalo por navidad”; un tanto confundida la señora me miro y sonrió, rápidamente la abrace muy fuerte y con mi alma conmovida las lágrimas cayeron por mi rostro. Pregunte a la señora que me contara que es lo que estaba haciendo, ella con dificultad para expresarse me dijo: “recojo césped para llevar a mi cuarto y prender candela y no morirme de frío”. En ese momento abrí las fundas que traía conmigo y busqué ropa adecuada para poder vestirla, no tenia lo que necesitaba y le dije a la anciana que pronto regresaba y con ojos de anhelo solo respondió diciendo: “estaré esperándote”.
Al instante corrí y corrí hasta donde se encontraba la buseta que nos acompañó para llevar las donaciones en búsqueda de mas fundas, mis compañeros voluntarios solo vieron mi cara bañada en llanto y dos de ellos se ofrecieron a acompañarme sin saber lo que pasaba, ya que era imposible para mi contar lo sucedido porque no encontraba las palabras.
Regresamos a ver a la anciana, y la encontramos aún en el suelo, era una mujer prácticamente postrada y se movilizaba arrastrándose para alcanzar lo que necesitaba, la abracé nuevamente y la vestí, ella me observaba y alzo sus brazos y nos dijo que la lleváramos a su casa, la cargamos y caminamos hasta su casita, un lugar extremadamente pobre que contaba con unas tablas con adobe que era su cama, no tenía ni colchón ni cobijas; con mi compañera la acostamos, le dimos algo de comer y tratamos de dejar lo que teníamos para abastecer en algo de sus necesidades.
Por las circunstancias y conmoción no pregunte su nombre, solamente la llamaba “mamita”; y después de obsequiarle las donaciones, ella sonrió y mirándonos a los ojos solo dijo: Dios le pague. La abrazamos fuerte y llegó la hora de despedirnos. Sus palabras fueron: “Cuando vuelvan, me traes pancito, pero no te olvides de mí”. Sonriente y abrigada en su cama se despidió y con un abrazo sellamos el encuentro.
ADRA ECUADOR, no sólo es un medio para beneficiar a las personas que viven en extrema pobreza o son víctimas de catástrofes, sino también, que es un medio que permite que todos quienes colaboramos con ellos desarrollemos un espíritu de servicio y benevolencia, que nos enseña a crecer como seres humanos de forma integral, y nos demuestran que muchas veces quién mas se beneficia cuando compartimos, no sólo son quienes reciben, sino también quienes entregamos.
“Si en la vida no valoramos lo que tenemos, difícilmente podremos ser felices; es necesario aprender a ver la mitad del vaso lleno y no la mitad que está vacía; ver el dolor de las personas ante sus circunstancias de vida me ha enseñado a valorar las bendiciones que recibo cada día”.
Esta historia se desarrolló en Ecuador, en la provincia de Cotopaxi en una zona cercana al cantón Pujilí; Marisol Toapanta, voluntaria, formó parte del proyecto “Mas amor en navidad”, y hoy comparte su testimonio con el afán de incentivar e invitar a las personas a que desarrollen un espíritu generoso y de servicio, convencida de que ser voluntaria es un privilegio y una escuela para ser mejores personas.
Es gratificante observar y palpar el espíritu generoso de los ecuatorianos que se sumaron a una campaña altruista y loable, y por esta razón ADRA Ecuador, agradece a todos quienes se comprometieron, y apoyaron a marcar sonrisas en cientos de personas, cumpliendo con el afán de “Cambiar el mundo, una vida a la vez”.

Ma. José Vela (Comunicaciones UE)
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