Jan Paulsen, presidente de la Iglesia Adventista mundial hizo un llamado al
perdón y a la reconciliación durante su primera visita a Kenia desde que
irrumpió la violencia como resultado de las disputadas elecciones presidenciales
realizadas en el país el enero pasado.
Paulsen afirmó que si bien la
iglesia no puede cambiar el carácter inevitable de la guerra, tiene la capacidad
de cambiar la respuesta a esta. La fe en Dios está más allá de la lealtad a una
etnia, y este es un mensaje que tiene que ser proclamado en primer lugar por la
iglesia.
"En Ruanda, en 1994, fallamos terriblemente. No podemos repetir
esa experiencia," dijo Paulsen al hablar ante un grupo de ochenta líderes y
ministros en Nairobi. "¿Cómo vamos a celebrar la vida en el cielo si ese es
legado que pensamos llevar?"
Más tarde, al hablar ante unos 30.000
kenianos, dejó en claro que el cristianismo borra las divisiones de posición,
riquezas, afiliación política, raza, etnia, idioma, género y edad. "Cristo ha
destruido todas estas barreras que existen entre las personas", dijo, y agregó
que aferrarse a esas divisiones es una "ofensa a Dios".
Por supuesto, ser
cristiano no significa negar la cultura, la raza o la nacionalidad, se apresuró
a aclarar Paulsen. "Uno mantiene todo eso, pero llega a ser algo más: ciudadano
del reino eterno de Dios. Uno recibe una identidad más elevada, una nueva
humanidad".
Los comentarios de Paulsen fueron similares el día anterior
al visitar a Mwai Kibaki, presidente del país. Paulsen agradeció a Kibaki por
"tomar la iniciativa" al enfrentar algunas de las tensiones étnicas de la
región. "Tenemos la responsabilidad ante Dios y el pueblo de Kenia de dar lo
mejor de nosotros para ser mediadores de paz y reconciliación", dijo Paulsen.
Kibaki pidió a Paulsen y a otros líderes de la iglesia reunidos que
"continuaran dando lo mejor de sí" para fomentar la unidad entre los grupos
étnicos de la nación. "Siempre digo a las iglesias que si todos creen en el
mismo Dios, tienen que unirse. Dios jamás quiso que nos peleáramos entre
nosotros", dijo Kibaki.
Ambos líderes estuvieron de acuerdo que, si bien
las agendas de las iglesias y los gobiernos son diferentes, ambos sirven a las
mismas personas y deberían trabajar en cooperación.
Paulsen expresó que
los líderes de la iglesia local y los feligreses son los mayores responsables de
transmitir un mensaje de unidad y armonía cristianas. "Tenemos un mensaje que
compartir. Si no lo hacemos, otros recibirán una visión
distorsionada".
"Quiero que en este país nos conozcan como una comunidad
que decidió ser la voz de la libertad: de la libertad de hablar, de pensar, de
compartir la fe," dijo Paulsen a los líderes de la iglesia. "Quiero que vean que
la iglesia lleva a cabo una participación constructiva en las vidas de las
personas de esta nación".
Tanto los líderes del gobierno como de la
iglesia de Kenia dieron la bienvenida a Paulsen como un "embajador de la
paz".
"Por medio de sus oraciones y las de la iglesia mundial, logramos
salir de esta crisis como una iglesia unida", dijo Paul Muasya, líder de la
Iglesia Adventista en el África Oriental.
Paulsen también se reunió con
un grupo de cuarenta líderes kenianos adventistas, entre ellos, Miembros del
Parlamento, ministros del gobierno y secretarios, jueces, directores
administrativos y otros funcionarios civiles.