Las excusas no pueden ser parte del mensaje de la iglesia contra el abuso.
Así lo expresa Heather-Dawn Small, la sensata coordinadora de los esfuerzos
formidables pero sensibles de la Iglesia Adventista mundial para prevenir el
abuso en todas sus formas.
Desde que comenzó a dirigir los Ministerios de
la Mujer en 2001, Small, de 50 años y oriunda de Trinidad, ha luchado contra
algunos que dentro de la iglesia se han mostrado reacios a admitir la realidad
del abuso. Small celebró la iniciativa de la iglesia cuando votó añadir un Día
de Énfasis en la Prevención del Abuso a su calendario de sábados especiales, que
cada año es llevado a cabo el cuarto sábado de agosto. Pero si pensamos en que
los pastores de iglesia informan que entre el setenta y el ochenta por ciento de
sus consejos pastorales tienen que ver con situaciones de abuso, vemos que,
afirma Small, los restantes 364 días del año son igualmente
importantes.
Dado el ambicioso cronograma de viajes de Small, es bueno
que a esta ex directora de Ministerios del Niño y la Mujer en el Caribe le guste
volar. Pero en realidad, lo que la motiva es la posibilidad de ayudar a los
feligreses a respetarse unos a otros y a llegar a ser socios en el ministerio de
la iglesia.
Al acercarnos al séptimo Día de Énfasis en la Prevención del
Abuso, Small habló con ANN sobre la responsabilidad de la iglesia de convencer a
cada uno de sus miembros de que el abuso es inadmisible, más allá de la cultura
de la persona. Y explicó que si bien la iglesia no está adecuadamente preparada
para enfrentar casos de abuso, tiene que servir de conducto, al conectar a las
mujeres abusadas con las agencias legales y de consejería. A continuación se
presentan extractos de la entrevista:
Adventist News
Network: ¿Desde que la Iglesia Adventista estableció este día, qué
temas específicos se han tratado?
Heather-Dawn Small:
Nos hemos concentrado en el abuso de niños y la violencia doméstica,
particularmente en el abuso conyugal, que es un gran problema dentro de la
iglesia. Durante el primer par de años, enfatizamos básicamente la creación de
la conciencia de que el abuso existe. Solo en años recientes hemos comenzado a
ocuparnos de temas más específicos, tales como el abuso de poder, que es el tema
de este año.
ANN: ¿Son bien recibidos sus esfuerzos?
Small: En general sí. Aún hay gente que piensa:
"¿Tenemos que tratar estos temas en la iglesia?" o "¿tenemos que hablar de esto
en sábado?". Pero esa actitud es cada vez más rara. La mayoría piensa que son
temas que la iglesia debería haber tratado hace
tiempo.
ANN: Usted viaja asiduamente. ¿En qué lugar cree
que este mensaje en contra del abuso está siendo mejor recibido y qué tácticas
le parece que han resultado más efectivas?
Small: Acabo
de regresar de Uganda y Kenia. En el África, se ha progresado mucho en este
sentido. Por razones culturales, el abuso es casi un "derecho" en algunos de
estos países. Sé que en el Caribe, de donde provengo, era un problema de larga
data. Ya no lo es, pero lleva años y años cambiar esa forma de pensar. En países
donde aún se piensa así, la iglesia se está asociando con los gobiernos para
colaborar en programas que abarquen no solo a la iglesia sino a toda la
comunidad. Esto resulta más efectivo que hacerlo por nuestra
cuenta.
ANN: ¿Cuál le parece que son los mayores
desafíos que enfrenta la iglesia en su lucha por poner fin al abuso?
Small: Hay poco que podemos hacer para cambiar
inmediatamente la forma de pensar de los hombres y aun de las mujeres. Las
actitudes cambian muy lentamente, no de la noche a la mañana. No sirve hablar
solamente una vez del tema, sino que recién al repetirlo vez tras vez se
comienzan a presenciar cambios.
ANN: ¿Qué alcance tiene
el mensaje de la iglesia en contra del abuso? ¿Tiene límites el accionar de la
iglesia?
Small: Nuestro objetivo es crear ambientes
donde las mujeres sientan que pueden abrir su corazón. Creo que esa es una de
las funciones del departamento de Ministerios de la Mujer. Eso me ha sucedido
innumerables veces al relacionarme con mujeres que entonces procuro conectar con
una trabajadora social por medio de la directora local de Ministerios de la
Mujer. Como iglesia, no estamos preparados para tratar en abuso en sí, aunque
estamos creando conciencia respecto del problema. De allí la importancia de
asociarnos con otras agencias.
ANN: La iglesia no
menciona al abuso como una razón válida para el divorcio. ¿Qué consejo les da a
las mujeres en peligro o en situaciones sin solución?
Small: Como esposa de pastor y ahora directora de
Ministerios de la Mujer, mi primera preocupación es el bienestar de la mujer y
sus hijos. En muchos casos, la mujer tiene que escapar. Pero si no hay refugios,
¿adónde va? Los miembros de la iglesia a veces sienten temor de abrirle sus
puertas. A veces la iglesia ayuda a la mujer a trasladarse a otro lugar. Sé que
el tema del divorcio puede ser bastante complicado y, aunque no creo que sea una
opción inmediata, no voy a descartarlo porque hay mujeres que han recurrido al
divorcio cuando sus esposos se rehusaron a buscar ayuda. Sin embargo, nuestra
preocupación inmediata es que las mujeres salgan del ambiente
dañino.
ANN: Usted ha dicho que es difícil cambiar
actitudes arraigadas. ¿A qué edad se puede comenzar a aprender patrones de
conducta apropiados a fin de revertir esos modelos de
pensamiento?
Small: En Sudamérica, la iglesia tiene un
programa que apunto a los niños en edad escolar. Con personajes y relatos,
enseñan sobre violencia doméstica. Ahora están trabajando el tema del abuso a
los ancianos. Visité Brasil hace un tiempo y me asombró qué bien está pensado el
programa. Y creo que cuando trabajamos con los niños, eso impacta también en sus
padres.
ANN: ¿Ha notado algún factor que parezca influir
en las actitudes hacia el abuso?
Small:
Infortunadamente, la clase social y el nivel de educación no tienen nada que
ver. Nos gustaría ver que la educación cambia las cosas, pero hasta ahora ese no
es el caso.
ANN: ¿Qué temas específicos piensan tratar
este año el próximo 23 de agosto?
Small: Hasta ahora
hemos hablado de abuso de los niños, pero no específicamente de abuso sexual.
Creo que, a juzgar por las noticias, este tema representa un gran problema.
Asimismo, al hablar del abuso conyugal, no hemos hablado del abusador, y es algo
que debemos enfrentar. ¿Nos limitamos a condenar a esas personas, o aún las
consideramos hijos de Dios? ¿Buscamos rehabilitar al abusador? También
necesitamos hallar qué hace que una mujer abusada decida no abandonar a un
esposo abusivo, aun antes de casarse. Tenemos que trabajar para ayudar a las
mujeres jóvenes a tomar las decisiones correctas, para que ellas vean que son
dignas de algo mejor.